¿Qué significa y cual es el origen de ‘viral’ en internet?

¿Qué significa y cual es el origen de ‘viral’ en internet?

Tiempo estimado de lectura: 12 minutos | Cultura Pop |

Qué es un contenido viral y cómo entender el fenómeno que domina la conversación digital

¿Alguna vez te has despertado y te has dado cuenta de que todo el mundo en tus redes sociales está hablando exactamente de lo mismo? Ya sea un video de un gato haciendo algo gracioso, un desafío solidario o una canción pegadiza que parece sonar en cada rincón de internet, estás presenciando el fenómeno de la viralidad. Pero, ¿qué hace que algo pase de ser un simple video en el teléfono de alguien a convertirse en un evento cultural global en cuestión de horas?

La viralidad no es solo una cuestión de suerte o de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Es una combinación fascinante de psicología humana, ingeniería de algoritmos y dinámicas sociales que ha transformado por completo la manera en que consumimos información y nos relacionamos con los demás. En este artículo, vamos a desglosar cada capa de este fenómeno para que comprendas no solo qué es, sino cómo funciona realmente el motor que mueve la red.

El origen biológico de una metáfora digital

Para entender el término viral, debemos alejarnos por un momento de las pantallas y mirar hacia la biología. En el mundo natural, un virus es un agente infeccioso que necesita una célula huésped para replicarse. Una vez que entra en un organismo, utiliza su maquinaria para crear miles de copias de sí mismo, que a su vez infectan a otros organismos. La velocidad de propagación es exponencial: la propagación puede crecer de forma exponencial, multiplicándose rápidamente a través de nuevos contagios o compartidos, y en poco tiempo, el virus está en todas partes.

En los años 90, los expertos en marketing y los primeros entusiastas de internet notaron que ciertos correos electrónicos y mensajes seguían este mismo patrón. Un usuario enviaba algo a diez amigos, y si ese contenido era lo suficientemente impactante, esos diez amigos lo enviaban a otros diez. Así nació el concepto de marketing viral. El contenido actúa como el virus y los usuarios de internet somos los huéspedes que, de manera voluntaria y entusiasta, ayudamos a que se replique.

Uno de los primeros fenómenos virales ampliamente reconocidos fue el famoso Dancing Baby (el bebé bailarín) en 1996. Se trataba de una animación sencilla en 3D que se compartía a través de cadenas de correo electrónico. No tenía un propósito comercial claro, pero su naturaleza extraña y novedosa hizo que millones de personas sintieran la necesidad de mostrarlo a otros. Fue la prueba de que internet tenía la capacidad de unir a personas de todo el mundo a través de una experiencia compartida y espontánea.

La psicología detrás del clic: ¿por qué compartimos cosas?

La pregunta del millón para cualquier creador de contenido es: ¿por qué la gente decide compartir esto? No compartimos cosas por accidente. Cada vez que pulsamos el botón de compartir, estamos enviando una señal social sobre quiénes somos y qué nos importa. El profesor Jonah Berger, de la Universidad de Pennsylvania, identificó seis impulsores clave en su famoso marco STEPPS que explican esta conducta:

1. Moneda social: Compartimos cosas que nos hacen quedar bien ante los demás. Si compartimos una noticia inteligente, parecemos inteligentes. Si compartimos un meme gracioso antes que nadie, parecemos personas divertidas e informadas. El contenido viral a menudo nos da un estatus dentro de nuestro círculo social.

2. Disparadores: Son estímulos del entorno que nos recuerdan un tema específico. Por ejemplo, la canción Friday de Rebecca Black se volvía viral cada viernes porque el propio día de la semana actuaba como un recordatorio automático para que la gente la compartiera o hiciera bromas sobre ella.

3. Emoción: Este es quizás el factor más importante. Sin embargo, no todas las emociones funcionan igual. Las emociones de alta activación, como el asombro, la alegría intensa, la indignación o la ansiedad, impulsan a compartir mucho más que emociones pasivas como la tristeza. Por eso las noticias que causan enfado o los videos que nos dejan boquiabiertos vuelan por la red.

4. Público: Cuanto más visible es algo, más probable es que se imite. Es el efecto de prueba social. Si vemos que todos están haciendo el Ice Bucket Challenge, sentimos la presión social y el deseo de participar en lo que parece ser un movimiento colectivo.

5. Valor práctico: A las personas nos gusta ayudar a los demás. Los tutoriales rápidos, los consejos de salud o los trucos para ahorrar tiempo se comparten masivamente porque percibimos que estamos entregando algo útil a nuestros seguidores.

6. Historias: No compartimos datos aislados, compartimos narrativas. Un contenido viral exitoso suele estar envuelto en una historia que tiene un inicio, un nudo y un desenlace, o que nos permite insertar nuestra propia historia en ella.

El papel de los algoritmos como aceleradores de partículas

Aunque la psicología humana es la mecha, los algoritmos de las redes sociales son el combustible. En la era de TikTok, Instagram y YouTube, el contenido ya no depende únicamente de cuántos seguidores tienes, sino de cómo reacciona el algoritmo ante tu publicación en los primeros minutos de vida.

Las plataformas modernas utilizan un sistema de aprendizaje profundo que analiza cientos de señales en tiempo real. Cuando publicas algo, el algoritmo lo distribuye inicialmente a una muestra limitada de usuarios para evaluar su rendimiento. Si ese grupo ve el video hasta el final, le da a me gusta o, lo más importante, lo comparte, el algoritmo interpreta que el contenido es valioso y lo abre a un grupo mucho más grande.

En TikTok, por ejemplo, el factor más determinante es el tiempo de visualización. Si un video logra que los usuarios lo vean varias veces o que no pasen al siguiente antes de que termine, el sistema lo catapultará a la sección de Para ti de millones de personas. Esto ha democratizado la viralidad: hoy en día, una persona con cero seguidores puede despertarse con diez millones de visualizaciones si su contenido logra hackear la atención del algoritmo.

Evolución histórica: de las cadenas de correo al formato corto

La viralidad ha mutado según las herramientas disponibles. Podemos dividir esta historia en varias eras distintas:

La era del correo electrónico (1995-2004): Todo se basaba en el botón de reenviar. Aquí dominaban los chistes de texto, las leyendas urbanas y los videos de muy baja resolución en formato WMV o AVI. Era una viralidad lenta pero persistente.

La era de YouTube y Facebook (2005-2012): Aparecen los primeros influencers y los clásicos de la era dorada como Charlie bit my finger o Evolution of Dance. La viralidad se vuelve más visual y las marcas empiezan a intentar recrear el fenómeno de forma artificial con grandes presupuestos.

La era de Instagram y Twitter (2013-2018): La inmediatez se vuelve clave. Los hilos de Twitter y las fotos estéticas de Instagram definen qué es tendencia. El concepto de meme se sofistica y se convierte en un lenguaje universal que trasciende fronteras lingüísticas.

La era de TikTok y los Reels (2019-presente): El algoritmo toma el control absoluto. En muchas plataformas actuales, la viralidad tiende a ser vertical, rápida y frecuentemente impulsada por el audio. Una canción puede convertirse en un éxito mundial solo porque se usa en un desafío de baile que se vuelve viral. El ciclo de vida de lo viral se acorta drásticamente: algo puede ser lo más importante del mundo hoy y estar completamente olvidado en tres días.

Anatomía de un meme: la unidad básica de la viralidad

No se puede hablar de viralidad sin hablar de memes. Aunque hoy asociamos la palabra a imágenes con texto gracioso, el concepto original fue acuñado por el biólogo Richard Dawkins en 1976 para describir una unidad de transmisión cultural. Un meme es una idea, comportamiento o estilo que se extiende de persona a persona dentro de una cultura.

Lo que hace que un meme sea viral es su capacidad de ser replicado y modificado. Un buen meme no es una obra de arte cerrada; es una plantilla que permite que otros usuarios añadan su propio contexto. Por ejemplo, el meme del novio distraído es infinito porque cualquiera puede poner etiquetas sobre los personajes para representar una situación de su propia vida o de la política actual. Esta naturaleza participativa es lo que mantiene vivo el contenido viral durante mucho más tiempo.

El impacto económico: la economía de la atención

Hoy en día, la viralidad es una moneda de cambio. Las empresas ya no solo quieren aparecer en la televisión; quieren ser virales. La razón es sencilla: la publicidad tradicional es interrumpida y a menudo ignorada, mientras que el contenido viral es consumido voluntariamente.

Cuando una marca logra hacerse viral, obtiene lo que se llama medios ganados. Si un video de una marca se comparte un millón de veces, la empresa ha obtenido una visibilidad que le habría costado millones de dólares en anuncios pagados. Además, el respaldo de los usuarios al compartir el contenido le da una credibilidad que ningún anuncio tradicional puede comprar.

Sin embargo, esto ha creado una presión constante sobre los creadores de contenido. La necesidad de ser viral para sobrevivir económicamente en plataformas como YouTube o Twitch ha llevado a lo que muchos llaman la fatiga del algoritmo, donde los creadores se sienten obligados a producir contenido sensacionalista o extremo solo para mantenerse relevantes.

Los riesgos y el lado oscuro de la viralidad

No todo es positivo en el mundo de los contenidos masivos. La misma velocidad que permite que una causa benéfica recaude millones puede destruir la reputación de una persona en minutos. La cultura de la cancelación es, en esencia, una forma de viralidad negativa, donde la indignación se propaga sin filtros ni procesos de verificación.

Otro gran problema es la desinformación. Las noticias falsas (fake news) están diseñadas específicamente para ser virales. Suelen apelar a la indignación y al miedo, dos de los motores de compartir más potentes que existen. Como resultado, una mentira bien estructurada puede llegar a más personas que una verdad compleja y aburrida antes de que los verificadores de datos puedan siquiera reaccionar.

También debemos considerar el impacto en la salud mental. La búsqueda constante de la validación a través de la viralidad ha generado problemas de ansiedad y depresión, especialmente en los más jóvenes, quienes miden su valor personal en función de métricas de interacción que son, por naturaleza, volátiles y caprichosas.

¿Se puede predecir o fabricar la viralidad?

Esta es la pregunta que atormenta a las agencias de marketing. La respuesta corta es no, pero se pueden aumentar las probabilidades. Intentar fabricar viralidad es como intentar atrapar un rayo en una botella. A menudo, cuando una marca intenta ser viral de manera forzada, el público lo detecta y lo rechaza, produciendo el efecto contrario.

Sin embargo, existen estrategias que ayudan:

1. El uso de tendencias actuales: Subirse a un audio o un formato que ya es popular permite aprovechar la inercia del algoritmo.

2. La colaboración: Unir a dos personas con audiencias distintas multiplica el alcance potencial.

3. La autenticidad: El contenido que parece casero, real y sin filtros suele funcionar mejor en plataformas modernas que las producciones excesivamente pulidas.

4. El factor sorpresa: Romper las expectativas del espectador en los primeros tres segundos es fundamental para evitar que el usuario siga haciendo scroll.

Casos de estudio que cambiaron las reglas

Para entender mejor estas teorías, analicemos tres ejemplos icónicos que marcaron un antes y un después en la historia de internet:

El Ice Bucket Challenge: Fue perfecto porque combinaba moneda social (quedabas como alguien solidario), público (todo el mundo podía verlo y repetirlo) y un desafío físico sencillo pero impactante. Logró que una enfermedad poco conocida estuviera en boca de todos y recaudó fondos récord para la investigación médica.

Old Spice – The Man Your Man Could Smell Like: Esta campaña de 2010 revolucionó el marketing viral. No solo el anuncio era divertido y absurdo, sino que la marca respondió en tiempo real con videos personalizados a los comentarios de los usuarios en Twitter y YouTube. Fue la primera vez que una gran corporación interactuó de forma viral y directa con su audiencia a esa escala.

Gangnam Style de PSY: Fue el primer video en romper el contador de visualizaciones de YouTube. Su éxito se debió a una combinación de una melodía extremadamente pegadiza, un baile fácil de imitar (remixabilidad) y un video visualmente impactante que no necesitaba que entendieras el idioma coreano para disfrutarlo. Fue la prueba definitiva de que la viralidad es un lenguaje global.

La viralidad en el ámbito educativo y científico

No todo el contenido viral es entretenimiento puro. En los últimos años, hemos visto un auge de la viralidad educativa. Canales de divulgación científica han logrado que temas complejos como la física cuántica o la neurociencia lleguen a millones de personas.

Esto demuestra que, si se empaqueta correctamente, el conocimiento tiene un alto valor práctico que la gente está deseosa de compartir. El éxito de figuras que explican la historia con humor o que muestran experimentos químicos espectaculares demuestra que la curiosidad es uno de los motores más potentes del ser humano. Cuando aprendemos algo que nos hace volar la cabeza, nuestra primera reacción es querer compartir esa sensación con alguien más.

El futuro del fenómeno: IA y nichos de viralidad

Hacia dónde vamos es una pregunta fascinante. Con la llegada de la inteligencia artificial generativa, estamos entrando en una era donde se puede crear contenido altamente optimizado para la viralidad de forma automatizada. Esto podría llevar a una saturación aún mayor de nuestros feeds.

Por otro lado, estamos viendo un cambio hacia la micro-viralidad. Ya no es tan común que todo el planeta vea lo mismo, sino que se crean burbujas de viralidad dentro de comunidades específicas. Lo que es viral en el mundo de los videojuegos puede ser totalmente desconocido para alguien interesado en la cocina. Esta fragmentación hace que el fenómeno sea más profundo y duradero dentro de esos nichos, aunque menos masivo a nivel global.

Además, la realidad aumentada y virtual promete llevar la viralidad a una nueva dimensión. Imagina un filtro de realidad aumentada que se vuelve viral y que permite a millones de personas interactuar con el mismo objeto digital en sus propias casas. Las posibilidades de participación del usuario se multiplicarán, haciendo que el contenido ya no sea algo que solo vemos, sino algo que habitamos.

Reflexión final sobre la cultura de lo compartido

La viralidad es, en última instancia, un reflejo de nuestra necesidad de conexión. En un mundo cada vez más digital y a veces solitario, compartir un contenido viral es una forma de decir: Yo también vi esto, yo también sentí esto. Es un hilo invisible que nos une a millones de desconocidos a través de una risa, una lágrima o un momento de asombro.

Entender la viralidad no es solo útil para quienes quieren vender un producto o ganar seguidores. Es esencial para cualquier ciudadano del siglo XXI que desee navegar por internet con espíritu crítico. Saber por qué algo está en nuestra pantalla nos permite decidir si queremos ser simplemente un huésped pasivo del virus o un participante consciente en la creación de la cultura digital.

Internet ha cambiado las reglas del juego. Antes, unos pocos editores en grandes medios decidían qué era importante. Hoy, esa decisión está en tus manos cada vez que decides compartir algo. Ese es un poder enorme y, como todo poder, conlleva una responsabilidad sobre la calidad y la veracidad de lo que ayudamos a propagar.

¿Qué piensas tú sobre la forma en que el contenido se vuelve viral hoy en día? ¿Te has sentido alguna vez atrapado por un algoritmo que no paraba de mostrarte lo mismo? ¿Recuerdas algún contenido viral que realmente haya cambiado tu forma de pensar o que te haya impulsado a actuar por una buena causa?

Nos encantaría conocer tu opinión y tus propias experiencias con estos fenómenos digitales. ¿Crees que la viralidad está perdiendo su chispa por ser tan frecuente o que cada vez es más interesante? ¡Déjanos tus comentarios y cuéntanos qué otros temas te gustaría que exploráramos a fondo!

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